Por: Clara Zepeda Hurtado*
CIUDAD DE MÉXICO, México.- Lejos de los reflectores y las modelos que brinda el automovilismo deportivo, la industria automotriz enfrenta un desalentador entorno, debido a que concentra altos costos y continuamente requiere desarrollar nuevas tecnologías, que por cuestiones de competencia global, tiene que innovar.
Ejecutivos de la industria automotriz tienen en mente el irremediable aumento en los precios del petróleo y del acero.
Hace unos meses el Banco de México manifestó su preocupación sobre el precio estándar del acero, que prácticamente se duplicó, ante la repentina demanda de China.
Aunque pareciera una inquietud de carácter netamente macroeconómico y de política económica, en realidad no lo es, pues el alto precio del acero en la industria automotriz, podría generar un impacto mucho más serio, y que alcance al automovilismo deportivo en nuestro país.
Cada auto tiene aproximadamente un valor de 500 a 600 dólares en acero. Tan sólo Volkswagen compra cinco millones de toneladas al año, según cifras de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz.
Los precios de las materias primas se están sumando a las presiones contra las ganancias generadas por el exceso de regulaciones y la necesidad de incorporar mejores características en los autos, generalmente conseguidas a través del laboratorio que son las carreras deportivas.
Plásticos ligeramente procesados y adhesivos que dependen mucho del precio del petróleo también representan una buena parte del costo de un auto (de 300 a 350 dólares).
Con un aumento de 74% en el precio del petróleo desde hace 12 meses y el hecho de acercarse poco a poco a un récord de 60 dólares por barril, también representa un fuerte costo.
Analistas de grupos financieros en México, aseguran que hasta ahora, la industria había estado protegida de los estragos causados por el aumento en los precios del acero y el petróleo gracias a sus contratos a largo plazo, en algunos casos incluso de cinco años. Pero los efectos se empiezan a sentir.
Hasta en las mejores familias
La industria automotriz representa una importante fuente de empleo y de recursos que inciden sustancialmente en la economía mundial.
Pero como afirmaría un viejo refrán, ''sucede hasta en las mejores familias'', y General Motors (GM) y Ford viven un complicado panorama económico.
Muchos pensaban que era inevitable, pero no esperaban que dos de los mayores emisores de bonos de Estados Unidos serían rebajados al status de ''basura''.
Los bonos de GM y de Ford fueron calificados de ''bonos basura'' por Standard and Poor’s (S&P).
La calificadora estadounidense aseguró que la baja de la nota refleja el creciente pesimismo sobre el tipo de vehículos que GM y Ford han puesto en el centro de sus estrategias empresariales, y la preocupación de que estas dos automotrices puedan no salir pronto de sus dificultades financieras.
A S&P le inquietan especialmente las caídas de ventas de los vehículos grandes sport-utilitarios de los que Ford y GM dependen para sus ganancias, particularmente en momentos en que las automotrices japonesas intensifican su interés en el mercado de las pickup y arrinconan aún más a GM y Ford.
GM está atrapada entre dos fuegos: su participación de mercado que no deja de retroceder frente a la competencia japonesa y europea, y por el otro lado, el aumento de los gastos de jubilaciones y servicios de salud de sus empleados.
La inquietud inmediata sobre Ford es la perspectiva de que su negocio de vehículos deportivos utilitarios, mejor conocidos por sus siglas en inglés como SUV, no pueden generar la rentabilidad con la que han contado históricamente.
Las ventas de los SUV de mediano y gran tamaño se han derrumbado. La demanda de este tipo de vehículos se ha detenido en el espectro de la industria.
''La línea de SUV de Ford se ha vuelto obsoleta, y será reemplazada por una familia de nuevos productos a partir de finales de este año hasta el 2007, al mismo tiempo que GM tomará una medida similar'', afirmó Scott Sprinzen, analista de S&P.
GM continúa perdiendo participación de mercado en Estados Unidos, mientras que Ford en América del Norte y en Latinoamérica y Europa contará con una rentabilidad mínima.
Las automotrices de Estados Unidos están sufriendo por la competencia japonesa.
El escepticismo acerca de si las estrategias del equipo gerencial de General Motors y Ford serán suficientes para contrarrestar los crecientes desafíos competitivos, seguirá latente, ya que será difícil para ambas empresas mejorar la rentabilidad de su negocio para todo el 2005.
Peligro sobre ruedas
GM está atrapada entre dos fuegos: su participación de mercado que no deja de retroceder frente a la competencia japonesa y europea, y por el otro lado, el aumento de los gastos de jubilaciones y servicios de salud.
En México, el receso de la industria automotriz se origina principalmente por la lentitud en la reanimación de la demanda externa de Estados Unidos, la fuerte competencia de modelos europeos y asiáticos y el débil consumo interno derivado del escaso dinamismo económico en el país.
Es por ello que no es difícil el entender el porqué Ford dejó de patrocinar el Campeonato Mustang en México luego de más de un lustro de hacerlo. Esa misma serie que iniciará una temporada más en unos días, ahora de manera independiente bajo la tutela de Humberto García.
Así es como los problemas macroeconómicos y de política global afectan de lleno a un deporte en el cual GM y Ford soportan series en todo el mundo y, de manera tangente, los stock en nuestro país, que de seguir la inercia mundial, pronto tendrán en sus filas a autos de armadoras japonesas y europeas.
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*Clara Zepeda Hurtado. Licenciada en Periodismo por la EPCSG y en Economía por la EBC.